Roger Subirana

sábado, 27 de junio de 2015

RETRATOS PLAYEROS 1

Ir a la playa después de la noche de San Juan es toda una aventura, ya que quedan restos de la juerga de la noche pasada y algún rezagado también algo pasado, aunque este año , todo hay que decirlo, no estaba tan sucia como otras veces.

Allá que nos fuimos los mellizos, su padre, que soy yo, y mi madre, abuela de los infantes. Tienen dos años, así que la diversión estaba asegurada. El primer paso fue quitarles el pañal y perseguirlos para ponerles crema protectora, el formato en spray facilita mucho las cosas, y la verdad es que si se les hace como un juego, se lo pasan muy bien. Una vez encremados se tiraron los dos al agua, sin flotador ni nada que se les pareciese, recordando yo con nostalgia como a su edad iba yo con flotador, sandalias de goma o cangrejeras, gafas de buceo y algún aderezo más y me metí poco a poco por si el agua estaba fría. Se salpicaron, me salpicaron, salpicamos y allí estábamos los tres felices cuando vemos a un grupo de abuelas que se tumban en la arena y se quedan en top less. Nil, no pudo reprimir un gritito que suele soltar cuando algo le asusta, Lucía las miraba con una indiferencia no exenta de sarcasmo y yo procuraba no mirarlas porque el espectáculo no era muy edificante...y luego hay alguno que me dice: tú viviendo en la playa te pondrás las botas de ver señoras estupendas. Pues mire no. Eso unido a la costumbre que ha cogido el orondo turista ruso en ir en braga naútica, así como muchos señores de edad avanzada, hace que se cree un ambiente bastante bizarro en la playa.

Que ojo ! cada uno tiene libertad de ir como quiera, pero un señor de 120 kg o más corriendo en braga naútica de color verde fosforito da hasta sensación de peligro.

Los mellizos pensaron que debía ser mejor camuflarse y se rebozaron en arena que se les quedó perfectamente pegada gracias a la crema protectora. Parecían cachopos andantes. Nos fuimos para las rocas y se juntaron con varios niños que, en vano, intentaban cazar pececillos, al rato llego un abuelo remando en una barca hinchable con su nieto, ambos pertrechados de redes. al intentar bajar el hombre de la barca, perdió pie y acabo de cabeza en el agua, su nieto gritaba "que se ahoga el yayo !!!" pero el agua no subía más allá de a cintura y enseguida apareció su cabeza entre las risas malvadas de los otros niños, mientras mi Lucía gritaba "más, más" pretendiendo que el pobre señor repitiera la hazaña. Me la lleve como pude ya que no quería aumentar más el sentimiento de verguenza del señor. quedaron bastante frustrados por la pesca, así que para otro día me llevaré unos peces que van a cuerda y se los soltaré para que ellos los cojan.

Terminamos la mañana con Lucía intentando cambiarle a otro niño su pelota por una regadera, a lo que el otro se negó echándose a correr (no se que le debió decir mi hija) y con Nil empeñado en arrancar la boya que marca el canal de salida de los socorristas. Cosas de niños

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