Roger Subirana

viernes, 7 de mayo de 2010

LA ATENCION AL PUBLICO

Es importante, cuando vas a una tienda, comes en un restaurante o vas a realizar algún trámite, que te atiendan correctamente. Una sonrisa, una buena cara, palabras educadas en cuanto tú también eres educado. Es algo que facilita la convivencia y hace la vida más fácil. Es más, siempre he pensado que con unos buenos modales uno puede ir a cualquier sitio.

Lamentablemente, desde que vivo en Cataluña, he constatado que aquí , la atención al cliente ha bajado muchos puntos respecto a otras regiones de España, concrétamente respecto a Aragón y Canarias que son las que más visito. Y no hablo sólamente en referencia a hacer algún trámite oficial, en los que muchas veces te encuentras con que la persona que te atiende ha pasado con nota un cásting de bordes, si no también en situaciones del día a día como ir a comprar el pan, ir a un restaurante o a una tienda cualquiera, las caras y actitudes de los que te atienden son un poema. No es fácil estar detrás de una mesa o un mostrador, pero un profesional debe mostrar siempre amabilidad hacia la persona que atiende, da lo mismo que ésta vaya con joyas o abrigo de pieles o sea un pobre hombre. En mi experiencia laboral he conocido a más hijos de.... en traje y corbata que desgreñados.

Me hace mucha gracia y me da mucha pena que a un emigrante senegalés se le tutee y a un turista francés se le trate de usted, cuando siempre es más educado el senegalés que el otro, y este caso lo he visto con mis propios ojos. Peor es aún cuando vas a realizar un trámite oficial y la funcionaria de turno está hablando con su amiga maripepi de lo que hicieron el fin de semana, o que ni siquiera esté porque es la hora del almuerzo, esos almuerzos laaaargos de las administraciones públicas, y entonces me llega a la mente cuando me casé en Nueva York y la funcionaria que comprobaba mi documentación tenía al lado un tazón de café con leche y unos donuts e iba comiendo cuando podía sin dejar su trabajo, que contraste ¿verdad?. No hablemos ya de esos conserjes o bedeles que, por llevar un uniforme, ya se creen capitanes generales. Más ejemplos: que entres en una tienda, te miren con cara de asco y pasen de ti olímpicamente o que vayas a hacer la revisión del coche y después de pagar 400 euros no se dignen ni despedirte con una sonrisa. Y no sigo. Luego te juntas con la familia o amigos y la noticia es que en tal o cual sitio "fueron muy amables con nosotros", cuando eso tendría que ser lo habitual.

Este fin de semana pasado estuvimos por Zaragoza y salimos encantados: un restaurante de un centro comercial, hasta los topes de faena y con cola en la calle y todo el personal con la sonrisa en la boca y atendiéndote como si fueras el único cliente; amabilidad en cualquier tienda, detalles, buenas palabras...... la diferencia entre sentirte a gusto en un sitio o tener unas ganas tremendas de irte.

Entiendo que un mal día lo puede tener cualquiera, pero es que en ocasiones, los malos días duran toda la vida.....

4 comentarios:

  1. Llevo casi 20 años de cara al público y creo que se pueden contar con los dedos mis malas caras hacia los clientes. Es cierto que no todos los días estás de buen humor; te ocurre algo, pero no se puede exteriorizar al cliente. Hace algunos años hice un curso de atención al cliente, y le daban mucha importancia a la sonrisa; con decirte que sonrío hasta cuando hablo por teléfono (a mis compañeros les da gracia que siempre sonría al teléfono), y creemé, se nota!!

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  2. Me encanta este post, porque en Madrid sucedía los mismo, todo son malas caras, malos modos y muy, muy mala educación.
    Una de las cosas que hemos notado más cuando nos hemos venido a vivir aquí es la amabilidad de la gente, y eso se nota aún más entre aquellos que trabajan de cara al público. Da igual que estés en un supermercado, en un banco o en la oficina de inmigración: ademas de la sonrisa consiguen hacerte sentir que les importas y que se esfuerzan en hacer su trabajo lo más agradable para ti. Es increíble, y para nosotros, de los cambios más notables que hemos experimentado al irnos a vivir a Nueva Zelanda...
    Un abrazo!!!

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  3. Más razón que un santo. No digo que sea fácil estar de cara al público (yo estuve una época cuando era joven y desde luego la diplomacia y la simpatía permanente no son mis principales bazas...). Pero si no sirves para esto...pues te dedicas a otra cosa. Sí que es chungo aguantar a los clientes pesaos, pero más chungo es que te traten como a un perro cuando encima estás pagando.
    Yo creo q en España es generalizado. En Francia es pq son bordes ya de nacimiento, da igual de qué trabajen. Y en Alemania por ejemplo, valoran al cliente (como ha de ser) como el bien más preciado.
    Pero yo no me corto. Cuando en un sitio no me gusta el trato, se lo digo. Ya sé que se la pela...pero yo me quedo más a gusto diciéndoles que da pena tratar con gente como ellos.
    Ves...es que la diplomacia y yo....como que no.

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  4. Yo he trabajado cara al público y además lo he hecho con gusto. Es un trabajo que me gusta y supongo que eso se nota. No se me ocurrió nunca tutear a nadie, ni ponerme a hablar con la compañera mientras el cliente esperaba, pero es que eso son cosas de sentido común. En serio, es que cuesta lo miso ser amable que ser borde y si eres amable al menos resuta más agradable el día para tí y para el cliente. Ahora que estoy en el otro lado, como cliente, hay veces que me encataría montar el pollo, en serio. Es que no entiendo porque no les dan un toque a dependientes y demás. ¿Es que acaso hacen un cursillo sobre como ningunear a los clientes?. Ahora soy borde de verdad y no dudo en decirle a alguna dependienta "Perdone, ¿me puede atender? y cuando termine ya acaba de enterarse de si su compañera tiene problemas de cama o no, porque es que a mi personalmente no me interesa en absoluto.

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    http://lallavedelbaul.wordpress.com/

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