Roger Subirana

sábado, 26 de febrero de 2011

WELCOME TO THE JUNGLE

Esta semana hemos tenido alojado en casa a un niño de unos amigos nuestros, lo que ha sido una experiencia muy gratificante.

El caso es que todos los días lo llevaba al cole en coche, insistiendo el niño en llegar muy pronto "porque si no hay demasiada gente". Total que un día, fuimos con un poco de retraso y entonces es cuando comprendí al niño:

Hora: Nueve menos cuarto de la mañana, hora zulú.

Lugar: colegio privado de Salou.

Situación: angustiosa.

Entro, tonto de mí, en la zona de "descarga de niños", totalmente colapsada por todoterrenos enormes (se ve que en Salou, ciudad costera donde nieva cada 20 años es preceptivo y obligatorio el uso de estos mastodontes, más aún para mostrarlos como signo de ostentación delante de otros padres), veo , con preocupación, que los otros conductores, no miran de frente, si no de lado, buscando por donde colarse lo mas cerca de la puerta de entrada, por lo que no me queda más remedio que pegar bocinazos para que no me arrollen; el uso de los intermitentes debe estar prohibido en la zona porque nadie los pone; el niño intenta salir del coche y lo he de agarrar un par de veces para que no me lo atropellen, al final consigue cruzar y entrar por la puerta del colegio y yo huyo desesperado con la intención de no volver jamás a este lugar a esa hora si no es con una tanqueta o un hummer y un comando de gurkas abriendo paso.

Aunque la cosa no terminó ahí, ya que tuve que volver por la tarde a buscarlo, pero entonces dejé el coche a una distancia prudencial y me acerqué andando, con peligro, eso si, de ser atropellado en varias ocasiones.

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